La Voluntad de Dios—Una Invitación a Amar

La voluntad de Dios es que sean santos, que se abstengan del pecado carnal” (Primera Carta a los Tesalonicenses 4:3). La voluntad de Dios es que cada uno de nosotros sea santo, que seamos verdaderamente felices con Él en el cielo, lo que significa que le amemos haciendo el bien y evitando el mal.

La voluntad de Dios es una invitación a amar. Él no nos fuerza a que le amemos ni a que entremos en unión con Él en el cielo. Dios no nos obliga a que seamos felices, sino que nos deja que elijamos abrazar su voluntad, que respondamos libremente a su invitación de entrar en una relación amorosa con Él. Esto es en lo que consiste la moral cristina.

Por esta razón, Jesús nos enseña en el Padre Nuestro: “venga a nosotros tu reino; hágase su voluntad en la tierra como en el cielo.” Rezamos para que nos ayude a buscar su reino y la fuerza para hacer su voluntad. Jesus ejemplifica esto cuando nos dice: “Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra.” (Juan4:34). Durante la noche de su agonía en la oración del huerto, la voluntad humana de Cristo se rindió a la voluntad divina de su Padre: “Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42). Y antes de esto Él nos enseñó: “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la del que me envió.” (Juan 6:38).

El hacer la voluntad de Dios justo ahí donde nos ha puesto es clave para la santidad, como nos dice el Concilio Vaticano Segundo:

“Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a través de todo eso, se santificarán más cada día si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicación a las tareas temporales, la caridad con que Dios amó al mundo” (Lumen Gentium, 41).

¿Cuál es esa voluntad para nosotros? Su voluntad no es otra que nuestra santificación, que seamos santos, santificando todo lo que hacemos. Discernimos la voluntad de Dios escuchando su Palabra en la Biblia, en la Iglesia, y en nuestra oración. Dios desea que nos unamos a Él en una unión eterna que comienza con nuestro bautismo. Él manifiesta su voluntad en los Diez Mandamientos, que nos enseñan cómo amar y cómo no comportarnos si buscamos amar. Dios manifiesta su voluntad en las Bienaventuranzas, enseñándonos que el amor siempre va más allá de lo mínimo, y se sacrifica a sí mismo por Dios y por los demás. Por ultimo Dios manifiesta su voluntad en los dos Mandamientos de amor: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu… Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (cfr. Mateo 22: 37-39).

La dirección espiritual con un sacerdote o con una persona laica bien formada, puede ayudarnos a discernir la voluntad de Dios en nuestras circunstancias particulares. En otras palabras, la dirección espiritual puede ayudarnos a santificar esas circunstancias al hacerlas por amor. La dirección espiritual es uno de los medios humanos que Cristo nos da para ayudarnos a aclarar y a confirmar la voluntad y el camino particular de Dios para nosotros. La Iglesia siempre la ha recomendado para quienes buscan la santidad.

Así cumpliremos con lo que San Pablo exhorta:

“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo” (Colosenses 3: 12-13).

El hacer la voluntad de Dios requiere esfuerzo ya que nuestra voluntad humana está sujeta a tentación, debilidad y distracción. Practicar la virtudes—especialmente la fe, la esperanza y la caridad—nos facilita el hacer la voluntad de Dios, desarrollando al mismo tiempo hábitos que nos lleven a amar y a hacer la voluntad de Dios más fácilmente.

Cristo nunca nos abandona, al contrario, nos da a su Madre como Madre nuestra—como lo hizo con el discípulo amado—para ayudarnos a cumplir mejor la voluntad de Dios.

 

Fr. John R. Waiss

Online: http://sma-church.org/motherofpurelove

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